Huertos y hortelanos ¿quién da vida a quién?

“Hago vida en el huerto”. Santiago, topógrafo de 58 años de edad, usuario de los huertos urbanos para desempleados que coordina INEA, no se “atrevía” a levantar de la cama antes de las 11h. porque no tenía nada que hacer ni dinero con qué comprar. De escondido entre las sábanas a brotar en los huertos del Parque Alameda. A Santiago en los últimos dos meses es como si lo hubieran germinado en su parcela de 50 metros cuadrados y por cada labor de arado, siembra, riego y poda, él mismo creciese y aflorase.  Este trabajo se ha convertido en esa savia que le pone en el huerto a primera hora de la mañana y le da fuerza para compartir con otros compañeros hortelanos, parados como él, inquietudes que no faltan: “Dificultades, muchas. Pero entre todos, son menos dificultades”.

Huertos y hortelanos han aflorado al mismo tiempo y hoy es el día que ellos se vuelven a casa con tomates y acelgas y regresan a la mañana siguiente con la ilusión de qué hortaliza recogerán  y con quiénes charlarán de lo divino y de lo humano. Mucho ha crecido este proyecto creado por el Ayuntamiento y coordinado por INEA, plantas diversas y también amistades. Por allí llega Paco con su hija Andrea. Santiago y él se han ayudado mucho desde que se plantaron allí con todos los temores. De su último trabajo de gutinador, el que bombea hormigón con fuerza, a regar con tiento las  lechugas y tomates hay todo un proceso. “No tenía ni idea y el huerto me ha sacado de casa, me ha permitido conocer gente nueva y tener algo que hacer”. Hoy los dos y otros muchos se cuidan mutuamente las parcelas si alguno falta, se dejan las herramientas, se dan plantas, se acompañan, celebran meriendas…unidos en la dificultad afrontan el lugar a donde les ha llevado el paro, muchos, incluso, esquivando la vergüenza.

“Ahora son ellos los que donan y llevan a la parroquia porque dicen que en su día ella también les ayudó”, reconoce sorprendida Laura Dominguez, la técnico de INEA que forma, asesora y cuida en los cuatro espacios de la ciudad por donde están estos huertos: Barrio España, Santos-Pilarica, Parque Alameda y La Victoria. Su primer día del proyecto lo recuerda como el peor y más abrumador. “Tenéis que trabajar”, arengaba Laura a los hortelanos desencantados de la vida y de las condiciones del terreno del que supuestamente saldrían hortalizas para llevar a casa. A día de hoy, además de ayudar a los 184 desempleados en sus labores, acompaña y guía en la siembra de los huertos comunitarios en el que se han involucrado muchos de ellos. Carmen, trabajadora del ITA, es la única que se ha inscrito para llevar un huerto comunitario en Parque Alameda cuyos frutos irán destinados a una ONG (Entrevecinos, Red Incola y Banco de Alimentos). Pero no estará sola porque un nutrido grupo de hortelanos desempleados se ha comprometido con ella a sacarlo adelante. No es lo único comunitario. Ahí está  Hortilandia, el huerto para pequeños que entre surco y surco, nacen hortalizas custodiadas por un espantapájaros creado por ellos. Gestos como estos son para Laura los auténticos frutos de un proyecto tan especial: “Responde a dos necesidades, la económica, porque pueden llevarse algo a casa, y de la cabeza, porque charlan, se escuchan y se acompañan”.

l_huertos-1